Breve Historia Industrial de España

A diferencia de otros países del Centro o Norte de Europa, no podemos ubicar la historia industrial de España antes del siglo XIX, tuvo gran relevancia en la escena internacional en los siglos XVI y XVII pero a diferencia de Centroeuropa, no consiguió invertir su riqueza en la generación de industrias manufactureras que crearan valor añadido.

En el siglo XVIII, España estuvo alejada de los ideales de la Ilustración, lo que le impidió -a diferencia de Francia- impulsar la ciencia y la investigación tecnológica, que están en la base de todo el desarrollo industrial.

Las revoluciones liberales, que abrieron paso al capitalismo industrial, tampoco consiguieron asentarse en España con suficiente éxito.

Como en otros países del continente. España vivió en el XIX, tres guerras civiles y concluyó este siglo con una guerra internacional que le despojó de sus últimas colonias de ultramar.

El único beneficio que la Guerra Hispanoamericana de 1898 trajo consigo fue la posibilidad de invertir en las incipientes industrias, sobre todo de Cataluña, las inversiones que habían sido descapitalizadas en las Antillas.

¿Quieres conocer un poco mejor las etapas del proceso de industrialización de España?

En comparación con otros países europeos, como Alemania, Reino Unido o Francia, el proceso de industrialización de España fue relativamente tardío.

Fue asimétrico, porque algunas zonas como País Vasco o Cataluña obtuvieron a finales del siglo XIX, un pujante desarrollo industrial, que poco o nada tenía que envidiar al que se reprodujo en Centroeuropa o Inglaterra.

Debemos subrayar la construcción de la red ferroviaria española, en torno al año 1850, que sentó los pilares de este fenómeno además de favorecer la cohesión o unidad del mercado nacional. ¿Cuáles son los elementos que explican por qué la zona septentrional de España y la zona costera de Cataluña van a ser testigos del despegue industrial de la península?

  • Cercanía geográfica a Europa
    Ya en la Edad Media, las regiones vascas y catalanas habían consolidado el mercado marítimo con el centro y el norte de Europa. Bizkaia, contaba ya con un mercado marítimo fructífero con los Países Bajos.
  • Capacidad de emprendimiento
    El liderazgo y la capacidad de emprendimiento, constituyeron un activo muy relevante a la hora de iniciar nuevos negocios.
  • Reservas de recursos básicos
    Asturias y Bizkaia contaban con grandes reservas de carbón y mineral de hierro, que constituían las dos principales materias primas que la pujante industria europea requería. La explotación de los yacimientos de mineral de hierro, localizados entre Vizcaya y Cantabria, es el principal aporte de España a la industria de Europa, en particular de Inglaterra. A la izquierda de la ría del Nervión, se está produciendo un proceso de inmigración masivo con la llegada de decenas de miles de jóvenes trabajadores de diferentes regiones españolas
altos_hornosEl descubrimiento del Horno Bessemer, en 1856, permitió el incremento del volumen y la calidad del acero que la incipiente siderurgia iba a producir.
La fundación de los Altos Hornos de Vizcaya (1902) es el mejor exponente del proceso de industrialización del País Vasco y de España, por un lado, y de su capacidad de exportación, por otro. La desembocadura de la ría del Nervión iba a convertirse, de esta manera, en una de las zonas más productivas e innovadoras del mundo en cuanto a tecnología industrial.

La neutralidad española durante la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918) va a favorecer las exportaciones de productos manufacturados, sobre todo industriales, a los países contendientes (sobre todo al Reino Unido).

Cataluña se especializa en industria textil, mientras que País Vasco lo hace en siderurgia, metalurgia y astilleros. Otros sectores industriales, como el químico, apenas tienen presencia en España hasta después de la Guerra Civil.

Entre 1900 y 1936 la producción industrial española se duplica por dos. El “crack del 29” no tiene los efectos tan negativos sobre el proceso de industrialización de España, como en Estados Unidos o Alemania; aunque la inestabilidad política y social de los años 30 sí llega a ralentizar el crecimiento económico.

En vísperas de la Guerra Civil, España continúa siendo un país industrial de segundo orden en Europa Occidental, con un nivel de producción similar al de otras naciones del sur de Europa. La mayor parte de la población continúa viviendo en áreas rurales y alejadas de los procesos de industrialización que solo continúan apareciendo en las grandes zonas urbanas, como Madrid, Barcelona, Bilbao, Zaragoza, Valencia,…

El aislamiento internacional al que España se ve sometida después de la Segunda Guerra Mundial y los propios criterios de política económica del régimen franquista conducen al país a seguir la senda de la autarquía.

Durante la Guerra Civil española la producción industrial no desciende alarmantemente, pero sí las exportaciones.
Hasta 1950, España no recuperó la producción industrial de vísperas de la Guerra Civil.
Parte importante de la industria, en ciudades como Madrid, fue destruida en la contienda bélica.
Parte del tejido ferroviario fue desmantelado y algunos buques de la marina mercante fueron hundidos.

La industria española apenas se benefició de las ayudas de Estados Unidos (Plan Marshall), como sí lo hicieron otros países europeos.
La industria básica continuó creciendo, gracias a la etapa de desarrollo que la economía mundial y europea vivieron en las dos décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

El modelo autárquico no permitió aprovechar las demandas de productos industriales que los países europeos contendientes en la Segunda Guerra Mundial requerían para su reflote y cuya industria había sido en buena parte desmantelada en sucesivos ataques bélicos.

El intervencionismo estatal al servicio de una economía autárquica rigió la política industrial de España durante dos décadas.

  •  Control en la instalación, ampliación y traslado de las industrias.
  •  Estimulación de las “industrias de interés nacional” y derecho estatal a la expropiación.
  •  Posibilidad de nacionalizar las industrias y control de la inversión extranjera.
  •  Creación del Instituto Nacional de Industria (INI), sobre todo de cara a reflotar las grandes empresas en declive.
En 1964 España aprobó su primer Plan de Desarrollo.

Se consolida el modelo desarrollista, en el marco de un ciclo de expansión del mundo capitalista y como fruto de las políticas tecnócratas que germinaron a la luz del Plan Nacional de Estabilización Económica de 1959.

El liberalismo y la tecnocracia marcan la evolución de la industria española.

La convertibilidad de la peseta; la liberalización de precios de acuerdo al mercado; la supresión de aranceles; el espartano control del déficit público o de la inflación a través de la moderación salarial configuraron las recetas del programa económico español en los 60.

Gracias al desarrollo de la industria, España lideró en la mitad de la década de los 60 el crecimiento económico mundial junto a países como Japón. Se habló, por primera vez en la historia, del “milagro económico español”.

España, llegó a contar con empresas en todo tipo de segmentos industriales, aunque continuó conservando un “déficit” importante en los más vinculados con la alta tecnología.

El desarrollo económico de los años 60 impulsa cambios culturales y sociales, consolida definitivamente los procesos de urbanización y, de manera más o menos natural, encamina a España hacia la transición política y a solicitar su ingreso en la Comunidad Económica Europea (CEE).

El modelo desarrollista y tecnócrata comenzó a manifestar síntomas de agotamiento en los primeros años de los 70,

En 1974, coincidiendo con el incremento de los precios del petróleo, buena parte de la industria española entró en crisis.
Por primera vez se comenzó a hablar de “desindustrialización” o “reconversión industrial”.

Entre los sectores económicos más afectados por la crisis debemos subrayar a la siderurgia y a los segmentos más dependientes del consumo de acero: astilleros, automoción, bienes de equipo y bienes de consumo duradero,… País Vasco, Asturias, Cataluña y Levante contemplan con pesimismo el futuro de sus industrias.

Algunas de las industrias más emblemáticas, como astilleros Euskalduna, se clausuraron.
Como consecuencia de la fuerte crisis industrial, el desempleo se disparó a niveles nunca alcanzados y superiores al 20%.
El tejido productivo avanza hacia la terciarización a costa de la industria y del resto de actividades económicas.

Grandes zonas industriales quedan inutilizadas y abandonadas. Otrora hornos y maquinaria pesada y productiva quedan inservibles. Algunas industrias de menor tamaño, y más avanzadas tecnológicamente, ocuparon las antiguas zonas industriales.

Se acuña el concepto de “patrimonio histórico industrial” a fin de descubrir un nuevo uso, sobre todo cultural o de ocio, a las grandes empresas que iban a ser clausuradas.

Desde mediados de la década de los 90, España inició su recuperación económica gracias a la industria.

Son las empresas de pequeño tamaño las que lideraran el crecimiento económico

Las regiones españolas menos afectadas por la crisis económica iniciada en 2008, destacan por contar con una estructura industrial de estas características.

A principios de 2000, los procesos de deslocalización industrial comenzaron a amenazar a la industria española.

La deslocalización y la mayor competencia de los países emergentes son una amenaza estructural que continuará una vez que la crisis de 2008 quede superada.
La apuesta por la innovación y por la creación de bienes de mayor valor añadido llega a posicionarse como las únicas recetas para hacer frente a la deslocalización industrial.

La política industrial española, apuesta por la generación de espacios de gestión o infraestructuras industriales de uso común o compartido con el objetivo de que actúen como eje para dinamizar el conjunto del tejido empresarial.